VIANA
Categoría histórica: Ciudad.
Categoría administrativa: Municipio.
Partido Judicial: Estella.
Merindad: Estella.
Comarca geográfica: Somontano de Viana-Los Arcos.
Población 1986: 3.464 habitantes de hecho, 3.495 de derecho.
Superficie: 78,7 km2.
Densidad: 44 hab/km2.
Altitud en el núcleo de viviendas: 464 m.
Distancia a Pamplona: 81 km.
Comunicaciones: Situado en la general N-111, Pamplona-Logroño.
Gentilicio: Vianés.
Geografía
Limita al N con Aguilar de Codés y Aras, al E con Bargota y Mendavia, al S con Agoncillo (Rioja) y Logroño y al O con Oyón, Moreda de Álava y Labraza (Álava).
El término se extiende en un somontano perfecto cuya altitud mengua de N a S, desde el Alto de Los Bojes (834 m) hasta el Ebro (360 m) y cuyo drenaje lo efectúan una serie de barrancos afluentes del Ebro, como los de Cornaba, Valdearas y Perizuelas. Aquí está el pantano de las Cañas. Desde el punto de vista geológico afloran sucesivamente, de N a S: las arcillas y areniscas con paleo canales (facies de Ujué) correspondientes al Mioceno, las arcillas con niveles de caliza (facies de Tudela) del mismo período y el cuaternario de las terrazas del Ebro y de sus afluentes. Los estratos están prácticamente horizontales.
En conjunto el clima es el propio de la Depresión del Ebro, mediterráneo-continental. Los inviernos son fríos, los veranos calurosos, las oscilaciones térmicas grandes, las lluvias escasas e irregulares y la aridez elevada, especialmente la estival. Estos son algunos de los valores meteorológicos medios anuales más representativos: 10°-13° C de temperatura, 500-1.000 mm de precipitaciones, caídas en 60-100 días y 600-725 mm de evapotranspiración potencial. La deforestación del territorio, hecha por labradores, ganaderos, leñadores, etc., ha sido total; nada queda de los encinares que antes del poblamiento humano cubrirían probablemente el territorio.
Más del 90% de la población activa realiza tareas agropecuarias, aunque solamente el 16% de la población ocupada en el municipio las desempeña como actividad principal.
El 17% del terreno cultivado es de regadío. Casi la mitad de él se halla clasificado como extensivo, y de ahí que los cereales ocupen en él tan grandes extensiones; les sigue en importancia la alfalfa y las hortalizas, seguidas de la patata. En el secano cerealista la cebada duplica en extensión al trigo. De las leguminosas destaca la veza para grano y forraje y la alholva. En viñedo de secano ha aumentado en los últimos años, y ha pasado de 318 Ha en 1981 a 623 en 1984, superando la cifra de antes de la filoxera (614 Ha en 1891). El olivo pasó de 67 Ha en 1891 a 190 Ha en 1935, 176 en 1950 y 160 en 1982 según el catastro y la vid-olivo de 665 Ha a 183, 195 y 196 Ha, respectivamente. Hay, por último, 55 Ha de almendros en plantación regular. El 1 de enero de 1938 se fundó la Cooperativa Agrícola-Caja-Rural, el 25 de julio de 1949 la Bodega Cooperativa Santa María Magdalena y el 20 de septiembre de 1947 el Trujal Cooperativo San Isidro.
El ganado caballar, mular y asnal, antes tan numeroso, prácticamente ha desaparecido: había, 209, 327 y 138 cabezas, respectivamente, en 1935 y 3, 40 y 18 en 1982; hasta los años 20-30 de nuestro siglo hubo algunos bueyes. El bovino de granjería nunca ha sido importante; ascendía a 162 reses (124 frisonas y 38 de lidia) en 1982. El lanar, de raza rasa aragonesa, se mantiene en torno a las 2.000-3.000 cabezas que ha solido tener desde finales del siglo XIX, el cabrío bajó de 241 en 1950 a 38 en 1982. Y aumentó la cría industrial de porcino (1.276 cerdos) y gallinas (18.500).
El terreno comunal cubre 2.175 Ha (27,8% de la superficie cerrada del municipio), abarcando la totalidad de pastizales y bosques y un 10% de las tierras de cultivo.
El sector secundario empleaba (1984) a 1.135 trabajadores (68% de la población ocupada en el municipio) realizaban sus actividades en 49 establecimientos industriales. Las principales actividades del sector eran: la industria de la madera que empleaba 372 trabajadores en un conjunto de 8 establecimientos y donde destacaba una importante empresa de fabricación de mobiliario para vivienda y oficinas con 316 trabajadores, la industria agroalimentaria contaba con un total de 9 establecimientos; en ella sobresalía una fábrica de galletas donde trabajaban casi 300 operarios. La industria papelera estaba representada por una empresa de 140 trabajadores; el sector de industrias metálicas contaba con 7 centros de trabajo, fundamentalmente talleres y herrerías, el de las industrias de transformación de caucho y materias primas aparecía con dos puntos de actividad y cuatro eran los encuadrados en el de materiales de construcción. También la producción y distribución de aguas estaba representado por tres centros de trabajo. Debe reseñarse por su importancia cualitativa y cuantitativa en centros y empleados el sector de la construcción; Viana contaba con 14 establecimientos dedicados a esta actividad y todos ellos empleaban a 119 trabajadores.
El sector servicios ocupa (1984) a 252 trabajadores en 110 centros de trabajo, que corresponden a las actividades siguientes: comercio (47 empleados); hostelería y venta de bebidas (29); reparaciones (28); administración local y orden público (27); enseñanza (25); transportes (25); banca y ahorro (16); y sanidad (15) entre las más importantes.
La población activa de Viana ascendía en 1984 a 1.230 personas, de las cuales 180 se hallaban en desempleo y de éstas 86 buscaban su primer empleo.
Aparte de los residentes en el municipio, más de 600 personas, fundamentalmente de las poblaciones vecinas navarras (Aras, Bargota, Armañanzas, Torres del Río) e incluso alavesas y riojanas tienen su puesto de trabajo en Viana.
Desempleo registrado (31.3.87): 205 personas.
Presupuesto municipal (1987): 108.656.000 ptas.
Heráldica municipal
Trae de oro y cinco palos de gules. Bordura de lo mismo cargada con las cadenas de Navarra. Por timbre una corona abierta. Ha sido creencia casi unánime y así lo confirma Antonio de Moya en su “Rasgo Heroyco” de 1756, que estas armas se las dio Juan II, por su acendrado heroísmo en la defensa de la ciudad contra Castilla. Lo cierto es que ya en un documento de 1291 aparece este blasón. Por ello, el P. Moret en sus Papeles Varios, manuscritos e inéditos, afirma: “De donde se ve que estas armas son mucho más antiguas de lo que algunos han pensado, es a saber, que se las dio el Rey de Navarra y Aragón”.
Casa Consistorial
Está situada en el frente oeste de la Plaza de los Fueros, junto a la iglesia. Es obra del arquitecto francés Juan de Raón. Terminada su construcción en 1688, tiene una fachada de estilo barroco muy clasicista, montada sobre galería de arco de medio punto. En el segundo cuerpo tiene un balconaje corrido. En los laterales, el edificio se corona con sendas torres.
El ayuntamiento está regido por alcalde y diez concejales.
Su término municipal ha sido lugar de asentamiento de diversos pueblos desde remotos tiempos. Los restos más antiguos, unas cuarcitas talladas, posiblemente pertenecen al Paleolítico Medio, musteriense. Varios yacimientos de la Edad del Bronce, con sílex y hachas pulimentadas, se sitúan en pequeñas elevaciones: La Castellana, Valdevarón, Valdecarro y La Raicilla. Algunos de ellos perduran en la Edad del Hierro I y aparecen otros en Monfuí y el Cueto, éste junto a Viana ciudad.
La Romanización fue intensa y temprana y se comprueba por las “villas” situadas en zonas agrícolas junto a los riachuelos: La Aguadera-Zamorazgo, Cuevas, El Naval, Perizuelas, Sorteban, El Soto Galindo, Tidón y Cornava. Este último asentamiento parece identificarse con Curnonium, ciudad vascona citada por Ptolomeo. Gran parte perduraron en pequeñas aldeas medievales.
La Custodia es uno de los poblados más interesantes del valle del Ebro. Su cronología abarca desde un posible Paleolítico, edades del Bronce, Hierro I y II hasta comienzos de la Romanización. Ha suministrado en excavaciones y prospecciones abundantes materiales: cuarcitas talladas, hachas pulimentadas, cerámicas a mano, a torno pintadas y campanienses, numerosas fíbulas de diversas tipologías, armas, herramientas, etc. Un lote de 22 monedas comprueba su importancia comercial. Además de una republicana romana del 106 a. de C. están representadas las cecas indígenas de Uaracos, Cueliocos, Turiasu, Secaisa, Segobírices, Bolscan, Laiescen y doce de Bascunes*. Su destrucción violenta debió de tener lugar hacia las guerras sertorianas, 80-72 a. C.
Plaza fortificada fundada por el monarca navarro Sancho VII el Fuerte (1219) sobre el emplazamiento de una pequeña aldea del mismo nombre. Se trataba de reforzar la frontera con Castilla junto a la divisoria del Ebro y potenciar una ruta comercial, muy transitada desde antiguo como paso de invasiones y tránsito de peregrinos hacia Compostela. La primera piedra se colocó el 1 de febrero en el portal de San Felices.
El recinto constaba de torreones unidos por muralla y de cuatro portales; San Felices, Solana, Santa María y Estella. Tanto el castillo como las iglesias de San Pedro hacia el oeste, y de Santa María hacia el este, se situaron en puntos clave. El plano era similar a un campamento romano, un rectángulo algo irregular con una vía principal, la Rúa Mayor, y otra transversal que abocan a los portales. El llamado “Fuero del Águila”, fechado en abril de 1219, estimuló la afluencia hacia la nueva villa de la mayor parte de la población de las aldeas circundantes de Longar, Tidón, Prezuelas, Cuevas, Piedrahíta, Soto, Cornava y Goraño. En dicho fuero, derivado del de Logroño a través del modelo aplicado a Laguardia, se reglamentan las relaciones de los vecinos con el poder monárquico, se les libra de toda carga onerosa, se les concede libertad de venta y posesión de bienes y el disfrute de los aprovechamientos de los bienes comunales. Se les dotó de alcalde propio y la facultad de elección de diez jurados, representantes de las aldeas antedichas más los de Aras y Bargota. Pronto se alojó dentro de los muros una población heterogénea, infanzones, francos y labradores, clérigos y judíos.
Los castellanos capitaneados por el infante Fernando de la Cerda sometieron la villa (1275) a un prolongado cerco, pero no pudieron ocuparla. Sufrió en el siglo siguiente los desmanes de las compañías inglesas y gasconas que acudieron en apoyo de Pedro I de Castilla (1366), y fue entonces nuevamente asediada y entonces rendida (1378) permaneciendo en manos castellanas durante ocho años. En las luchas de mediados del siglo XV entre beamonteses y agramonteses soportó otros asedios de los castellanos y su fortaleza se puso varias veces en tenencia del rey de Castilla como garantía de paz. Aunque resistió el cerco de 1451, diez años después mosén Pierres de Peralta tuvo que entregarla. La liberó en 1466 el conde de Lerín Luis de Beaumont. La infanta Leonor le concedió el título de Muy Noble y Muy Leal. En sus cercanías, en la Barranca Salada, sucumbió en una escaramuza (1507) César Borja*, que había acudido a la villa al frente de las tropas de su cuñado, el monarca navarro Juan III, para asaltar el castillo donde se habían encerrado los partidarios del conde de Lerín, alzado en rebeldía. El fuero de Viana fue extendido a Aguilar de Codés (1269), San Cristóbal de Berrueza (1317) y Espronceda (1323). Como “buena villa” pudo enviar siempre a sus procuradores para representarla en el brazo de las Universidades de las Cortes navarras. Carlos III instituyó para su nieto del mismo nombre el principado de Viana (1423), título vinculado desde entonces al heredero de la corona navarra y que en su dotación fundacional comprendía las villas y castillos de Viana, Laguardia, San Vicente de la Sonsierra, Aguilar, Genevilla, La Población, San Pedro y Cabredo, las villas y los lugares del valle de Campezo, los castillos de Marañón, Toro, Ferrera y Buradón, más las villas de Peralta, Cadreita, Corella y Cintruénigo, ya concedidas antes al infante.
La población de la villa alcanzaba en 1350 unos 318 fuegos a los que se sumaban 95 de sus aldeas. La infanta Leonor le concedió (1467) mercado libre por hallarse “despoblada e en pobreza”. En estos siglos fue muy importante la judería de Torreviento a los pies de la villa.
Tras la conquista de Navarra por Fernando el Católico (1512), Viana fue segregada al reino de Castilla, en el que permaneció hasta 1523, en que Carlos I (IV de Navarra) acordó retornarla a Navarra en vista de las continuas reclamaciones que se le hicieron. Volvería a ser segregada mucho después, de manera muy efímera, en 1822-1823 y en 1840, al procederse a reformar el mapa provincial de España. En los tres casos la separación se hizo en beneficio de la demarcación de Logroño (corregimiento en la primera fecha y provincia en las otras) (Límite provincial*).
En 1599 la villa fue alcanzada por la peste bubónica, que había llegado a la península por Santander desde Flandes en 1597, los siglos XVI, XVII y XVIII presenciaron un neto desenvolvimiento de la población. Entre el siglo XVI y el XVII, la villa adquirió a la corona el Soto Galíndez, luego el castillo y la alcaidía, y eso le permitió extenderse; se construyó en el XVII en la zona meridional de las murallas y en el XVIII se cerró la plaza del Coso, se abrió la calle Nueva al norte y se construyeron muros de contención en el exterior. En 1630, compró a Felipe IV (VI de Navarra) el título de ciudad por 14.000 ducados de plata, al parecer por iniciativa del rey, quien necesitado de fondos comisionó al conde de Castrillo, García de Avellaneda, para que gestionase ese tipo de negocios y obtuviera de esa forma dinero. El título se justificó no sólo en “los muchos, buenos y leales servicios” que la villa y sus hombres habían prestado a la monarquía sino en el hecho de que Viana gozaba de “ya jurisdicción civil y judicial que hasta ahora han tenido en el dicho reino las ciudades sólo”, por privilegio muy anterior. Con la calidad de ciudad, Viana pasó a tener además asiento en Cortes.
En 1642 los franciscanos pusieron la primera piedra del convento de San Juan del Ramo; procedían del eremitorio que tenían en Aras. Abandonado forzosamente con la desamortización en los años treinta del siglo XIX, sería repoblado en 1858 por las hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl (Simona Oroz y Mina*), quienes organizarían escuelas para párvulos, graduadas para niñas, escuela para empleadas de hogar, colegio de enseñanza media con internado y escuela apostólica para futuras Hijas de la Caridad -en sus primeros veinte años envió más de 300 jóvenes al noviciado-, hospital con 25 camas y casa de misericordia para ancianos.
A fines del siglo XVIII tenía mercado franco cada jueves del año y una feria por la Magdalena, un hospital con sólo cinco camas, dos parroquias con quince beneficiados cada una y el convento de franciscanos con 38 frailes.
Era sede de cadena en el XVIII y XIX en la carretera* de Pamplona a Logroño. Durante este último siglo sufriría las guerras de Independencia y carlistas, dejando la primera al concejo económicamente quebrantado por las deudas que se contrajeron para responder a los requerimientos de unos y otros ejércitos. Durante la primera guerra carlista* fue escenario del levantamiento inicial de Santos Ladrón de Cegama*, en 1833, y en septiembre de 1834, del encuentro entre los hombres de Zumalacárregui y Carondolet (Acción de Viana*), que terminó con la derrota del segundo. Sería escenario de luchas en 1839 y, durante la última guerra carlista, en 1874. Fue patria y también ámbito de las acciones del brigadier carlista Simón Montoya*.
Asimismo fue patria del cronista Francisco de Alesón* y del novelistas Francisco Navarro Villoslada*, además de Juan de Amiax*, posiblemente Juan de Bazcardo o Vascardo, Juan de Viana, Bartolomé de Viana, Gaspar de Viana, Juan Bautista Lanciego y Eguíluz, Pedro Matías de Goñi, José Pérez de Lanciego, Francisco de Añoa y Busto, Rafael de Múzquiz y Aldunate, Inés de Múzquiz y Aldunate y Agustín de Armendáriz.
Al mediar el siglo XIX contaba ya con cuatro escuelas; dos de niños, a las que concurrían unos doscientos y cuya dotación ascendía a 6.730 reales, y las otras de niñas, dotadas con 588. Funcionaban dos molinos harineros y tres de aceite.
Hasta las reformas municipales de 1835-1845, Viana fue “partido” propio, en el impreciso sentido con que esa palabra se utiliza en el Antiguo Régimen. Comprendía a comienzos del siglo XIX la misma ciudad de Viana, el barrio de Bargota, Aras y Lazagurría. Pero en 1782 perdió esta última, en 1817 Bargota se separó de su jurisdicción y lo mismo hizo Aras en 1853.
Hasta entonces, gobernaban Viana un alcalde y el cabildo de regidores y desde entonces todos se sometieron al régimen común.
Hacia 1920 contaba con cinco molinos de aceite, dos fábricas de aguardiente, talleres, dos tejerías. Acababa de constituirse una Caja Rural.
Bibliografía
E. Sáinz Ripa Viana (Pamplona, s.a.), “Temas de Cultura Popular”, 48.- E. Gancedo Ibarrondo: Apuntes históricos: recuerdos de Viana (Pamplona 1934).
Hospital
Existió un hospital en el año 1270, en el testamento realizado ese año por el rey Teobaldo II se consigna un legado de diez sueldos para dicho establecimiento. Con toda probabilidad fue destruido durante el sitio que sufrió la villa en 1466. En el siglo XVI se constata la existencia de tres hospitales, el de San Julián, el de Santa Catalina y el Hospital Mayor de Nuestra Señora de Gracia. Este último reabsorbió a los dos primeros. En 1784 tenía cinco camas gratuitas para pobres.
Desde el año 1848, en que se constituyó la Junta Municipal de Beneficencia, el ayuntamiento se hizo cargo del hospital, y a partir de 1888 fue cuidado por las Hijas de la Caridad.
El trazado urbanístico de Viana sobre un montículo allanado de 472 m de altitud responde a su carácter de plaza fortificada, misión principal para la que fue creada esta villa. Se trata de un plano regular de estructura geométrica y simétrica. Su perímetro es un rectángulo de lados más o menos rectos, según el terreno, que tiene una arteria principal recta de oeste a este, la Rúa Mayor, y otras dos paralelas, una a cada lado. Otra arteria transversal corta en escuadra a las anteriores en dirección norte sur.
Debido a las necesidades defensivas y a la escasez de terreno, las calles son estrechas y las manzanas de casas alargadas y poco anchas. En cada punto cardinal se abrieron sus correspondientes puertas, flanqueadas por torreones, a donde van a parar las vías principales: San Felices, Santa María (San Juan), Estella y La Solana. La población interior se estructuró en rúas y barrios, algunos con los nombres de las aldeas absorbidas, y al exterior crecieron los arrabales de una forma un tanto anárquica, aunque el llamado Grande, a oeste se urbanizó en varias calles. Otro barrio extramuros fue el de Torreviento, en dirección Logroño, en donde se asentó una de las juderías más florecientes del Reino. La población se dividió en dos jurisdicciones parroquiales, la de San Pedro al oeste y la de Santa María al este.
En la ruta navarra del Camino de Santiago hay algunas villas y ciudades que responden a este tipo de planificación defensiva de origen navarro y casi siempre son fundaciones reales: Burgos de San Nicolás y San Cernin de Pamplona, Sangüesa, Puente la Reina, Artajona y Laguardia (Álava).
Un recinto amurallado circundaba a la villa por los cuatro costados provisto de foso, barbacanas y torres de anta cuadrada de trecho en trecho. En los lugares más estratégicos se levantaron los templos parroquiales de San Pedro al oeste y de Santa María al norte, que tienen por ello carácter de fortaleza. Al sureste, en fuerte escarpe, construyeron el castillo y casa del rey de planta trapezoidal con una potente torre del Homenaje y otra llamada de las Palomas comunicadas por un muro con paseo de ronda, barbacana circular al norte y patio de armas al sur.
El plano medieval comenzó a alterarse durante el siglo XVI. Se urbanizaron la plaza del Coso, frente al castillo, para espectáculos taurinos, y un paseo de circunvalación que cegó todos los fosos. En 1570 se compraron las murallas al rey y se originaron nuevas rúas al apoyarse las casas sobre las fortificaciones. Para entonces ya se habían reformado algunos portales adornándolos con las águilas bicéfalas de la monarquía.
A raíz de la estancia de Felipe II en el castillo, en 1592, con ocasión de su viaje a Tarazona, se reformó notablemente y en 1630 lo compró la ciudad al rey. A partir de este momento fue destinado a los usos más variados: capilla de Santa María Magdalena, convento de religiosas Agustinas, vínculo de trigo, aulas de gramática, frontón, alojamiento de tropas, etc. y fue deteriorándose progresivamente.
Durante los siglos XVII y XVIII se configuraron definitivamente las plazas; la Mayor, embellecida con el noble edificio del ayuntamiento y los pilastrones parroquiales; la del Coso, con balcones municipales, del cabildo y de los nobles para ver los toros; la de San Pedro, con la bella fachada de la iglesia; la de San Miguel y la de San Francisco, frente al convento. Para dar salida más cómoda a algunas calles, se abrieron dos nuevos portales, el de la Trinidad, y al inutilizarse el de Estella, el de San Miguel.
No obstante todas estas reformas, la planificación medieval no ha variado sustancialmente, se conservan los portales, más o menos alterados, las murallas de las barbacanas de San Pedro y de Santa María y del castillo tan solamente un cubo subterráneo y algunos lienzos de muro.
Al fundarse la villa en 1219 se escogieron dos solares, colocados en sitios estratégicos en relación con las fortificaciones, para la construcción de dos iglesias. Se levantó primero la de San Pedro, en el flanco oeste del recinto amurallado, provista de barbacana y de potente torreón. Esta misión defensiva en la época medieval la tuvo igualmente durante la Francesada y primera Guerra Carlista, utilizándose como cuartel. Todo esto unido a su situación, en un escarpe, y a que en el siglo XVIII se realizaron ampliaciones desafortunadas maltratando las paredes maestras, motivó el que en 1842 estuviera en estado de ruina, hundiéndose dos años más tarde y desapareciendo como parroquia en 1877. Quedó en pie una nave lateral, parte de su cabecera, el trascoro, el torreón y la portada de ingreso. Estas ruinas fueron consolidadas en 1965, y el torreón, ante el peligro de su hundimiento, fue desmontado en parte en 1979.
Esta iglesia debió de ser concluida hacia 1250. Su planta tiene tres naves, la central más amplia, divididas todas ellas en cuatro tramos, y una original cabecera pentagonal que engloba cinco capillas poligonales dispuestas radialmente, y así resulta un amplio presbiterio-girola sin muro alguno. A los pies de la fachada, en el rincón suroeste, colocaron un potente torreón cuadrado.
La nave central, de mucha mayor altura que las laterales y de bóvedas cuatripartitas, apoyaba en pilares cruciformes con numerosos baquetones adosados, y exteriormente equilibraba sus empujes en arbotantes de un solo arco. Se comunica con la nave lateral, que se ha conservado, a través de macizos arcos apuntados provistos de capiteles corridos de tema vegetal. Esta nave va cubierta de crucerías cuatripartitas con claves decoradas. En la cabecera existen las dobles ventanas apuntadas de los absidiolos y el único conservado tiene bóveda gallonada.
Estilísticamente la iglesia ofrece, por su temprana cronología, un influjo de tipo cisterciense, sobre todo en la cabecera, que pudo inspirarse en San Pedro de la Rúa de Estella y en Santa María de Fitero y en algunas catedrales francesas, pero también el estilo gótico se manifiesta en la planta general, abovedamiento, decoración y arbotantes, y un gótico ya tardío en el rosetón del oeste.
El edificio primitivo fue remodelado durante el siglo XVI con un campanario en el torreón y los accesos al cementerio. Pero más importantes fueron las obras realizadas en los siglos barrocos, un macizo bajocoro de planta cuadrada a los pies de la iglesia por Juan de Setién en 1650, la sacristía en 1670, y un campanario ochavado de ladrillo con su chapitel, por Juan Antonio de San Juan a partir de 1712.
La portada barroca consta de un arco de medio punto, sobre grandes columnas a los lados, y remate en hornacina con aletones que encierra la imagen de San Pedro. Fue construida entre 1740-1743 por Juan Bautista Arbaiza y su discípulo Martín de Beratúa, y su rica decoración y escultura es obra del vianés Juan Jerónimo Coll. Todavía en 1747 Martín Maduro construyó unas capillas entre los contrafuertes de ambos flancos que alteraron notablemente la planta primitiva del templo.
Poco antes de su hundimiento los retablos, cuadros, ornamentos litúrgicos y plata fueron repartidos por las iglesias y ermitas de la localidad.
La parroquia de Santa María
La parroquia de Santa María, además de su misión religiosa, sirvió de fortaleza en el flanco amurallado norte junto a un portal de ingreso y barbacana. Se sitúa en la intersección de la villa más los barrios de Aras y Bargota. Perteneció, al igual que San Pedro, y hasta tiempos bien recientes, al obispado de Calahorra y La Calzada.
La erección de este templo debió comenzarse al finalizar las obras de la iglesia de San Pedro, es decir en torno a 1250. En un documento de 1264 aparece cobrando los diezmos de Bargota, en 1312 consiguió un Jubileo de indulgencias de Clemente V para ayuda de las obras y en 1329 se unen, a propuesta del rey Felipe de Navarra y del obispo Juan de Calahorra, los dos cabildos parroquiales, con un total de unos 60 miembros, comprometiéndose a celebrar misas por los reyes navarros. Se construyó en estilo gótico de finales del siglo XIII y comienzos del XIV. Fue declarado Monumento Nacional en 1931.
La planta primitiva consta de tres naves, más ancha la central, divididas todas en cuatro tramos, capillas entre los contrafuertes y cabecera poligonal con capillas rectas a los lados, que desaparecieron al hacer la girola en el siglo XVII. Los pilares, generalmente en forma de rombo y con baquetones, presentan gran variedad y sobre ellos apoyan los arcos formeros y fajones de esquema ojival más o menos apuntado; excepto los de las capillas del norte que son de medio punto, y asimismo ofrecen mucha diversidad los capiteles y ménsulas vegetales e historiados de los siglos XIII, XIV e incluso del XVI. Todas las bóvedas, excepto la gallonada de la cabecera, son de crucerías sencillas de nervios aristados con claves casi siempre figuradas. En el último tramo se levantó el coro en alto, sobre las tres naves, con bóvedas cuatripartitas.
Sobresale por su belleza la galería de triforios que recorre todo el perímetro del edificio, en situación anómala sobre las capillas y el coro. Siguen diversos esquemas pero los más antiguos, siglo XIV, son los de la nave sur, pues los de la nave norte fueron remodelados en el siglo XVII.
Al exterior, los empujes de las naves se contrarrestan por arbotantes y fuertes botareles con pináculos, y las fachadas son macizas con pocos huecos, dado su carácter de fortaleza. La portada del oeste del siglo XIV -la del sur desapareció- es muy sencilla, se compone de tres arquivoltas y chambrana vegetal que enmarcan un tímpano con una Virgen de pie con el niño y dos ángeles arrodillados.
La gran portada del sur, auténtico retablo en piedra, “una de las composiciones más audaces y de mayor genialidad arquitectónica de nuestro Renacimiento” (F. Chueca Goitia), fue diseñada y comenzada por Juan de Goyaz en 1549, y a su muerte, tres años después, la continuaron hasta 1570 Juan Ochoa de Arranotegui, padre e hijo, y Juan de Orbara. Consiste en un gran nicho semicircular, lejano eco del Belvedere de Bramante, con frontón triangular, ampliado con superficies laterales.
El cuerpo bajo, imitando un arco de triunfo romano, se delimita por columnas corintias y contiene calas rectangulares. La puerta es adintelada y con tímpano de medio punto. Un segundo cuerpo remata con bóveda de cuarto de esfera con casetones.
La escultura reproduce a la Virgen, titular parroquial, escenas de la Pasión, misterios del Rosario, evangelistas y padres de la Iglesia muy propio del momento. En algunas zonas abunda el grutesco y en el friso inferior se reproducen las escenas mitológicas de los Trabajos de Hércules. Estilísticamente debe mucho a la escuela de Burgos, y fue construida en una etapa de transición, es manierista aunque conserva algún recurso del plateresco.
La torre fue levantada entre 1584-1591 por Juan Larrañaga, según la traza de Amador de Segura. Es de aspecto clásico con cuatro grandes huecos rectangulares para las campanas adornados con pilastras y frontón triangular.
Entre 1693-1717 se construyó la girola, que prolonga las naves laterales en dos tramos más, con siete capillas y sacristía. En la capilla axial, dedicada a la patrona de la ciudad Santa María Magdalena, se aprovechan materiales de la sacristía del siglo XVI, por lo que presenta un estilo renacimiento-barroco; la sacristía de tres tramos con cúpula central es barroca, y el resto de la obra imita con todo detalle la obra gótica primitiva en molduraciones, abovedamientos y aberturas. Intervinieron Santiago Raón y los maestros vianeses José González de Saseta y Bernardo Munilla.
Durante el siglo XVIII se remodelaron algunas estancias para sala capitular y cuarto aguamanil, y en 1782 Miguel López Porras levantó la capilla de San Juan del Ramo, de planta cuadrada y cúpula semiesférica.
Las numerosas capillas de este templo están ocupadas por retablos, la mayor parte de ellos realizados por artistas vianeses o afincados en la ciudad, que constituyeron el taller de Viana-Cabredo. Del siglo XV es un Crucificado del retablo de Santiago y la imagen de San Juan del Ramo atribuida al flamenco Janin de Lome, y del siglo XVI el retablo de San Bartolomé obra de Badarán y de Gaspar de Vitoria.
Durante el siglo XVII Juan de Bazcardo y su yerno Diego Jiménez realizaron los retablos de Santiago y Santa Catalina, Andrés de Larrea y Bernardo de Elcaraeta el de San Juan del Ramo, este último y Martín de Oronoz el mayor y el de San José. El mayor es de los más monumentales de Navarra, en su estilo barroco, por sus dimensiones, imaginería y decoración. De finales de dicho siglo es el de Santa Lucía, obra de Juan Bautista de Suso.
De la primera mitad del siglo XVIII es el de Nuestra Señora de Nieva, obra de Diego de Camporredondo, y el del Cristo de la sacristía de Juan Jerónimo Coll. En los retablos de San Lorenzo y de San Félix, obra de este último autor, según trazas de fray José de San Juan de la Cruz, se emplean decoraciones rococó lo mismo que en la sillería coral de José Muguiro, todo esto realizado a partir de la segunda mitad del siglo XVIII.
Al estilo neoclásico pertenecen un aguamanil de pórfido, los tres retablos de capilla de San Juan del Ramo, proyectados por Franciso Sabando y que realizó Miguel López Porras y los templetes expositores de la capilla de Santa María Magdalena, parte del retablo mayor de la parroquial de San Pedro, y del presbiterio, éste proyectado por Luis Paret, construidos ambos por el vitoriano Antonio Rubio.
José Bravo decoró el presbiterio en 1731 con pinturas ilusionistas al temple, y entre los lienzos al óleo sobresalen cuatro atribuidos a José Bexes de estilo neoclásico. Destaca la decoración pictórica de la capilla de San Juan del Ramo realizada por Luis Paret y Alcázar. Adornan la entrada los óleos El Anuncio del ángel a Zacarías y La Visitación, pintados en Bilbao en 1786 y 1787. Los temples de la cúpula reproducen San Juan y el ángel, La Predicación, He aquí el cordero de Dios y El Prendimiento, y en las pechinas las alegorías de las Virtudes: Santidad, Sabiduría, Constancia y Castidad, todo ello pintado en 1787. Son figuras monumentales, algunas de clara influencia de Miguel Ángel, de factura suelta y de colorido limpio y brillante.
En la sacristía y anexos se guardan colecciones artísticas. Hay piezas de plata de los talleres logroñeses y americanos, sobresaliendo una cruz proyectada por Luis Paret y una custodia, ambas neoclásicas. Excepcional es la colección de ornamentos litúrgicos de los siglos XVI y XVII de autores riojanos y navarros, lo mismo que los seis crucifijos de marfil, dos de ellos hispano-filipinos, y los cerca de treinta cantorales de pergamino de los siglos XVI y siguientes.
El convento de San Francisco
El convento de San Francisco (San Juan del Ramo), ubicado al norte de la ciudad extramuros, sucede, en el primer tercio del siglo XVII, a otro convento situado actualmente en la jurisdicción de Aras, fundación del Príncipe de Viana de 1440. Tras una historia gloriosa su comunidad franciscana entró en crisis durante la Francesada y primera Guerra Carlista, el convento se utilizó como cuartel, y tras la Desamortización, el Estado lo cedió al municipio para hospital y escuelas. En 1858 lo ocuparon las Hijas de la Caridad, con esos mismos fines, y actualmente, tras la remodelación de 1983, es residencia municipal de ancianos.
Las obras del convento e iglesia se realizaron entre 1642 y 1677 bajo la dirección de Lorenzo González de Saseta y Santiago y Juan de Raón. La iglesia, trazada por fray Pedro Uruela, tiene planta de cruz latina con crucero y cabecera cuadrada. La nave es de cuatro tramos con bóveda de medio cañón y cúpula sobre el crucero, y a ella se abren capillas cuadradas entre los contrafuertes con bóvedas de arista y cúpula. A los pies se levanta el coro y detrás de la cabecera la sacristía.
La fachada, de piedra sillar, sigue un modelo conventual muy difundido y consiste en un muro plano de dos cuerpos y frontón triangular, el primero de ellos con pilastras adosadas que enmarcan una puerta de medio punto y a los lados puertas adinteladas, el segundo cuerpo provisto de aletones y hornacina central. Todos los remates se adornan con bolas. El claustro, adosado a la iglesia por el norte, es de planta cuadrada con un primer cuerpo en piedra con arcos de medio punto cegados y un segundo cuerpo de ladrillo.
Son importantes las labores pictóricas sobre lienzo y temple que, distribuidas por las capillas y presbiterio, fingen retablos de madera de gran pompa barroca. Parecen relacionarse con la escuela madrileña de la 2ª mitad del siglo XVII y sobresalen La Virgen de Guadalupe, Nuestra Señora del Pilar y San Francisco de Asís. En conexión con estas pinturas hay por lo menos un lienzo, San Francisco de Asís, atribuible al pintor madrileño Francisco Solís.
Los retablos de madera, que casi siempre obstaculizan la visión de los pintados, son de diversas épocas y algunos de ellos proceden de la desaparecida parroquia de San Pedro. Nuestra Señora de los Dolores tiene elementos romanistas y es obra de Francisco Larrea de 1622. La Virgen del Rosario es de finales del siglo XVII con la titular neoclásica y la sillería coral es obra de Juan Bautista de Suso de 1681. Del siglo XVIII son los de San José y del Cristo, próximos al rococó; San Diego, San Antonio y Corazón de Jesús fueron realizados por Francisco Javier Coll alrededor de 1769. Un retablo neoclásico, parte del retablo mayor de San Pedro, ocupa el presbiterio.
Ermitas
De la mayor parte de las numerosas ermitas no ha quedado resto alguno. La de San Martín fue la parroquia del antiguo poblado de Tidón. Su cabecera es románica del siglo XII y la nave rectangular con la puerta de ingreso apuntada es gótica del siglo XIII. Está en ruinas. Pocos son los restos de San Andrés, iglesia del despoblado de Longar, que es de estilo románico con cabecera semicircular.
La Trinidad de Cuevas fue un antiguo convento de la orden de los Trinitarios, pasó a comienzos del siglo XIV a propiedad de Roncesvalles y desempeñó una misión asistencial en el Camino de Santiago. Es de planta rectangular con cabecera poligonal fechable en el siglo XIII y está en ruinas. Del siglo XVII es la ermita de Las Cruces, al final de un Calvario, tiene planta rectangular y ha sido remodelada recientemente.
Nuestra Señora de Cuevas es la parroquia del despoblado medieval de este nombre, fue remodelada durante el siglo XVII y tiene nave rectangular de seis tramos cubierta con bóveda de cañón con arcos y cabecera cuadrada con cúpula y linterna. Un templete del siglo XVIII cobija a una Virgen trono con el Niño de finales del siglo XIV, que es cuando se documenta la cofradía. En un retablito barroco se aloja San Martín, obra del siglo XV.
Arquitectura civil
Las medidas del Fuero de Sancho el Fuerte, 12 por 3 estados, (unos 24 por 6 m) condicionarán las formas de las casas, estrechas de fachada y de mucha profundidad y altura, puestas unas tras otras formando manzanas. En el subsuelo se construye la bodega con piedra sillar. Apenas han quedado ejemplares medievales. Sobresale el hospital civil de Nuestra Señora de Gracia, ubicado en la Rúa Mayor, erigido en 1487, de una sola nave dividida en tres tramos, mediante arcos apuntados que se levantan desde el mismo suelo, y cabecera lana con bóveda de crucería. Su fachada lleva dos puertas apuntadas. En 1576 lo compró la cofradía de la Soledad y levantó un piso de ladrillo para una espaciosa sala columnaria.
En los barrios de Medio de Santa María y de San Pedro hay casas del siglo XVI de tres plantas, la inferior de piedra tallada y el resto de ladrillo. Se caracterizan por sus grandes portadas de piedra con arcos de medio punto con escuditos en la clave y por la ausencia, por lo general, de balcones. Un buen ejemplar es casa Cereceda, Tidón 16, en la que según tradición se hospedó el célebre César Borgia en 1507.
Durante los siglos XVII y XVIII, la época de más esplendor de la ciudad, debido a la próspera agricultura y al influjo de las clases nobles, se construyeron la mayor parte de los edificios civiles. Fueron sus artífices principales varias familias de arquitectos aquí afincados, los González de Saseta, los Munilla y los Raón.
Se levantaron muchas mansiones señoriales, aunque con todos los servicios de una sociedad rural, graneros, cuadras, bodegas; las fachadas tienen normalmente tres cuerpos rematados en alero en saledizo, el primero de sillería y los restantes de ladrillo con el ático, a veces, formando galería arcada. Con frecuencia el espacio de la fachada está delimitado por pilastras y en ella se abren portalones de ingreso frecuentemente descentrados con vanos de medio punto o adintelados y otros huecos de gran regularidad provistos de amplios balconajes de artísticos hierros. Los linajes nobles las embellecen con ostentosos escudos heráldicos. Tras un amplio zaguán viene la caja de la escalera rematada en gran cúpula y un entrepiso bajo para vivienda de los servidores.
Hay casas principales en la Rúa de San Pedro (Navarro Villoslada) la n° 2, donde nació Rafael Múzquiz y Aldunate, arzobispo de Compostela; la n° 19 solar de los Pérez de Lanciego y Eguílaz, en la que campea el escudo de fray José, arzobispo de Méjico y que pasó después al marqués de Armendáriz, la n° 24 de los Ezpeleta-Guenduláin y la n° 30, propiedad de los marqueses de Valdeolivo, que se asoma a la plaza de San Pedro. En la Rúa de Santa María, la n° 8 de los Ichaso con hermosas labores de rejería, la n° 3, actual casa de la parroquia, que perteneció a los condes de San Cristóbal, Azcona y Eguiarreta, la n° 19 que fue la casa nativa de Ignacio Añoa y Busto, obispo de Pamplona y arzobispo de Zaragoza, con gran escudo heráldico, y la n° 30, de gran clasicismo y entermante de piedra, de la ilustre familia Ripa.
En la plaza del Coso n° 7 se sitúa la gran casa palaciega de los Unda y Garibay rematada por larga galería de arcos de medio punto, y en la calle de San Miguel la de los Zuazu, n° 28, y la de los Urra-Lezáun, n° 6; ésta última una de las más bellas y armoniosas por la regularidad de sus huecos y sus labores de hierro forjado.
Entre los edificios de carácter público sobresale el ayuntamiento, terminado en 1692, obra de los arquitectos franceses Santiago y Juan de Raón y de los vianeses Lorenzo y José González de Saseta y Bernardo Munilla. Es una galería de siete huecos rectangulares y balcones sobre otros tantos soportales con pilastras y arcos de medio punto construido en piedra sillar. En el centro campea un monumental escudo de España y a los lados torrecillas de ladrillo con balcones de medio punto.
Los antedichos arquitectos construyeron el Balcón de Toros del municipio en la plaza del coso. La fachada horizontal de sillería se compone de dos cuerpos con arquerías de medio punto sobre pilares, el bajo en forma de soportales y el superior provisto de balcones. Tiene por remate el escudo de la ciudad y a ambos lados hay torrecillas de ladrillo. En esta plaza y por los artistas indicados construyó el cabildo su Balcón de Toros, lamentablemente desaparecido, de similares características a las indicadas. Estos edificios son de un estilo barroco clasicista y racionalista en relación con la arquitectura francesa del momento.
Otros edificios públicos destacables son las carnicerías, Serapio Urra 1, construidas en 1720 según planos de José González de Saseta, el peso y alhóndiga (actual Caja de Ahorros de Navarra) de 1772 con arcadas de medio punto y a la casa del diezmo en la plaza Mayor levantada junto a la iglesia en 1768.
Bibliografía
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Órgano
Cuenta con un ejemplar de fachada desigual, dado que a una caja barroca se añadieron detalles posteriores, que restan unidad y belleza a su arquitectura externa.
Castillo
Viana, desde los tiempos de su fundación por Sancho el Fuerte, contó con un castillo, integrado en el propio recinto amurallado medieval, que venía a constituir un baluarte destacado del mismo. Hacia 1230, reinando todavía el fundador, lo tenía a su cargo como gobernador García Almoravid. En época de Teobaldo I, pasaron por él Juan de Vidaurre y Juan Pérez de Baztán, alférez del Reino. Reinando Teobaldo II, constan en la nómina Íñigo Ortiz de Eztúñiga, hacia 1255, y Corbarán de Leet diez años más tarde.
Entre los años 1277 y 1307 aparece como alcaide Juan Martínez de Medrano, con una retenencia anual de 7 libras y 35 cahíces. A partir de 1307 aparece en las cuentas otro caballero del mismo nombre y linaje, que continuaba al frente del castillo en 1321.
Viana fue cercada por las huestes castellanas del infante Fernando en 1275. El asedio duró dos meses, pero al final tuvieron que levantarlo sin lograr la rendición.
Carlos II confió la guarda en 1351 a Miguel Martínez de Viana, con sólo 20 sueldos y 5 cahíces de retenencia. Hacia 1370 la tenía a su cargo Jimeno Martínez de Prezuelas, con la misma asignación. En 1378 cayó en poder de los castellanos, que pusieron como alcaide a Pedro Manrique. Mejor salario disfrutaba, entre 1385 y 1389, Pero García de Aniz: 8 libras y 40 cahíces. Reinando ya Carlos III el Noble, aparece como alcaide titular mosén Martín de Lacarra, que tenía como lugarteniente en la fortaleza a Pero Brun. Seguía en el puesto en 1406.
Al erigirse el Principado de Viana, la villa y el castillo quedaron integrados en él, como cabeza del mismo.
Con motivo de la guerra con Castilla en 1430, mosén Juan Vélaz de Medrano reforzó la guarnición del recinto fortificado con 10 hombres de armas y 20 ballesteros. Otro de los capitanes era Fernando Martínez de Ayanz, señor de Mendinueta. En 1432, los reyes Juan y Blanca concedieron a Viana cierta remisión de cuarteles, en atención a las obras de fortificación que a la sazón llevaban a cabo. A mediados de este mismo siglo consta como alcaide Martín Martínez de Aguado, escudero de la localidad. En 1451 se produjo un asedio frustrado por parte de Castilla.
En la invasión castellana de 1460, la villa fue sitiada dos veces en el plazo de unos meses, empleando en el ataque “bombardas, trabucos cortantes y otras diversas artillerías”. Y aunque fue heroicamente defendida por mosén Pierres de Peralta, al fin, careciendo de víveres, hubo de rendirse en 1461 a Gonzalo de Saavedra. Cinco años más tarde sería recuperada por gentes al mando del obispo de Pamplona y el conde Lerín. Durante las discordias civiles entre agramonteses y beaumonteses, en las treguas firmadas en 1476, se estipuló que Viana y su castillo, como otras plazas de la órbita del condestable, fuesen entregadas “En tercería” al rey de Castilla. Tres años después, el mariscal Pedro de Navarra intentaría sin éxito hacerse con el castillo. En 1482, Francisco Febo concedió al conde de Lerín la tenencia de la fortaleza. Poco tiempo después, entre los años 1484 y 1488, la plaza y su castillo estuvieron de nuevo en manos castellanas, a cargo del adelantado Juan de Ribera. En 1494, al decretar Juan de Labrit el embargo de los bienes y posesiones del condestable, éste se declaró en rebeldía, y se alzó con Viana, ayudado por gentes castellanas, y contando con la total protección por parte de Fernando el Católico. Conocido es el episodio, con ribetes casi legendarios, de intento por parte de César Borgia de recuperar el castillo para el rey de Navarra, en 1507; que le costaría la vida.
Tras la conquista de Navarra por el rey Católico, fue confirmada la tenencia del castillo o torre en favor del condestable. Durante un tiempo la tuvo el comendador Pedro de Barrientos. En atención a los servicios de la casa de Lerín, el castillo de Viana fue excluido de las órdenes de demolición que afectaron a casi todas las fortalezas del Reino. A la muerte de Juan de Beaumont en 1533, acordó el regimiento de la villa pedir al rey “que no hobiere fortaleza y que fuesse hecha casa llana”. No se consiguió nada por entonces. En 1556 se concedió el alcaidío al marqués de Cortes.
A partir de 1593 se hicieron importantes obras en el viejo castillo, bajo planos de Amador de Segura, que consistieron en transformar una de sus alas en palacio, que pasó a denominarse la Casa Real, con fachada a la plaza del Coso.
En 1630, a la vez que el título de ciudad, compró también Viana al patrimonio real el castillo y soto de Galindo por 28.000 ducados. Sin embargo, no pudo tomar posesión de la fortaleza hasta 1662, a la muerte del último alcaide Diego de Herrera, destinándola a los más diversos usos públicos. En 1688, Juan de Raón hizo cuatro recios contrafuertes para contener la ruina del muro. La piedra resultó de “rebaxar el turrión grande”, al cual, una vez rebajado, se le puso un tejado a cuatro vertientes, rematado en una veleta con su cruz. A raíz de estas obras, intervino el Real Consejo, enterado de que se había demolido “un torreón de dicha casa real, revajándole asta el igual de la muralla…” Más tarde, en 1780, se habilitó el aljibe para pozo o depósito de nieve. Uno de los torreones, llamado de las Palomas se derrumbó en 1800; ese mismo año hubo que demoler el frontón que anteriormente se había habilitado en el recinto.
En 1869 los restos del castillo fueron comprados por 8.700 duros al ayuntamiento, por un noble francés, Enrique Gastón de Bearn, conde de Brassac, que se consideraba descendiente del Príncipe de Viana. Sin embargo, ni se restauró ni se le dio ninguna finalidad concreta, por lo que pronto volvió a quedar sumido en el olvido y el abandono. Hacia 1890 fue demolido en parte. No obstante, todavía permanecían en pie sus ruinas hacia 1935, siendo analizadas por el general Becerra, que trazó algunos dibujos y croquis, e incluso alguna reconstrucción hipotética. Poco después desaparecería por completo. Como últimos vestigios, subsiste algún fragmento de muro y una sala de gruesas paredes de piedra, embutida dentro de una casa particular.
Esparcimiento
Las fiestas patronales en honor de la Virgen de Nieva se celebran el domingo siguiente al 8 de septiembre.
Toponimia menor
Alberguería, camino; Alto de los Bojes, término; Arenal, barranco; Balcebrera, camino; Calvario, ermita; Las Cañas, término y pantano; Carbonera, paridera; Carboneras, término; Carnava, término y paridera; Cascajos de Ventranilla, alto; El Cerezo, término; Cerrado de las Monjas, camino; Cerro de la Mesa, término; Cornava, barranco; Cuevas, camino; Las Cuevas, ermita; Los Doce, corral; Los Doce o el Soto, camino; España, término; Faldearas, arroyo; Galindo, soto; Gauna, casa; El Humilladero, término; La Isleta, término; Jalón, venta; La Lastra, casa; Lerun, paridera; Longar, paridera, arroyo; Malcolor, casa; Malta, fábrica; Miralobueno, alto; Mojón Alto, término, Pago, camino; Pedrones, paridera; Peñas Altas, término, La Perezuela, camino; Perizuela, arroyo; Portillo, paridera; Pujadas, casa; Recajo, término; Redecilla, término; La Resilla, camino; Ribotas, camino; La Rivera de la Peña, término; El Roble, camino; El Romeral, paridera; La Sabuquera, término; San Martín, ermita; Santa Tecla, camino; El Soto o de los Doce, camino; Triviño, barranco; Valcavadilla, barranco; Valdearas, barranco; Valdearideras, barranco; Valdecuevas, barranco; Valdeparaiso, camino y barranco; Valdibañez, alto; Vallardemoros; término; Vallonda, barranco; Valmayor, camino y barranco; El Zafaral, término.